Lo que se lleva: Ver para Conectar

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No hay nada más bello, estimulante y primaveral que la sensación de estar viviendo algo histórico. Y esto es lo que le pasa a la comunicación.

¿Pero, por qué ahora? La comunicación siempre ha estado allí, en lo humano. En las cuevas, con las pinturas rupestres. En las iglesias, con los frescos. En la televisión.

Quizá sea porque ahora su poder arrebatador está, más que nunca, al alcance de una gran mayoría consciente de ello. Sus entrañas son de dominio público y la tecnología nos permite no vislumbrar el horizonte. Quizá ahora porque al fin es una herramienta por y para los ciudadanos, con todo el peso de la madurez que la palabra ciudadano implica.

A grandes términos la comunicación se ha convertido en el motor de un mundo mayormente democratizado, extremadamente rápido y complejo donde cada día tienen cabida las aspiraciones personales y colectivas de más y más variadas gentes. Y es que, como ya vienen apuntando las tendencias (la empatía del Design Thinking  para procesos e innovación organizacional o la comprensión del usuario del User Centred Design para el diseño de la red…),  nosotros, la gente, empezamos a ser el centro de la comunicación (ni el producto, ni el partido, ni el aprobado en un examen): es obligatorio que el mensaje enamore para que nos fijemos, comprendamos, aceptemos jugar o queramos pasar a la acción porque nos sirve. Algo que, de alguna manera, ya apuntaba Platón hace unos añitos con su idea de bien; bien atada a lo útil, a la belleza y al “hacer visible” para “dar luz”.

De eso tratan las infografías: que datos y conocimientos sean bonitos, de buen comer, luego sorprendentemente útiles y, por eso, memorables y transformadores. Así que vamos a ponernos sexys, que ahora que empieza lo bueno no quiero que paréis de leer:

Monterey California, Febrero de 2006. Hans Rosling, padre de Gapminder  y experto en Salud Global compartía su descubrimiento en un TED magnífico: los mejores estudiantes suecos presentaban un menor conocimiento sobre temas de salud pública mundial que un chimpancé. El problema no era la ignorancia, sino la fealdad de su apariencia -la de los estudiantes no, la de los datos. Este descubrimiento le empujó a desarrollar Trendalyzer -ya propiedad de Google-, una app libre y gratuita que, como si de una competición entre bolitas –los paises- de colores se tratara, cuenta la evolución del mundo basada en los datos. Increible.

Cruzando la renta por cápita con la mortalidad infantil descubrimos que el comportamiento aberrante de la bolita que corresponde a los Emiratos Árabes, país petrolero y realmente rico, se sale de la media en relación a la alta mortalidad infantil. Esto es un claro ejemplo de que la salud no se compra en el supermercado- dice Roslig: hay que dotar de estructuras y educación a los paises. Así mismo, cruzando la fertilidad con la esperanza de vida se nos derrumban prejuicios: ya no existe tercer mundo, chicos.

Lo entendemos rápidamente porque ver los datos nos permite generar hipótesis para su posterior análisis y contextualización y, sobre todo, nos hace capaces de aprender y enseñar rápido, dos de las cinco causas que nos activan las serotoninas responsables del placer. Y, sí, el ser humano es hedonista y el placer es lo que le mueve. Así, la comunicación –un acto en el que se comparten conocimientos- y no la información ni los datos, sino su procesamiento fácil y bonito es fundamental para entendernos, implicarnos, participar, organizarnos y provocar cambios.

Y ver los datos tiene que ver con aquello de “el fondo ya es la forma”. Cómo decimos las cosas son bastante las cosas. El contenido necesita de la coherencia de su continente cuando de comunicación se trata. Gapminder –como tantas muchas ( no podéis perderos Guns de Periscopic)- hace de los datos una historia. Y el storytelling nos viste a las monas de seda, nos despierta el interés, nos engancha y nos asombra. He ahí su poder pedagógico y movilizador: la visualización de los datos, más allá de lo sexy, pone el diseño al servicio de esta historia para que podamos verla y conectar con ella.

Conectar quedaros con esto. Según René Brown, es la madre de los huevos. Sentirse conectado es el subsuelo de todo comportamiento humano. Y sentirse conectado –lo repito porque es lo más relevante- tiene que ver con:

  1. Tener el coraje de contar tu historia, la de quien eres, con todo el corazón (mostrarse, antesala de visualizar);
  2. Tener la compasión de tratarte y tratar a los demás con amabilidad (¡lo sexy!)
  3. Ser capaz de aceptar tu vulnerabilidad (mostrarte) como algo bonito (¡lo sexy!)

Señores, ¿ven ahora otro modo de contar políticas públicas, defender presupuestos, acercar la complejidad haciéndola atractiva y comprensible, que no simple? No somos chimpancés, sino estudiantes suecos.

Aún más, en un mundo donde deciden los indecisos y los de la generación Y venimos exigentes, hambrientos y embriagados de imágenes: ¡pónganse las pilas! El poder de la comunicación es demencial. A partir de ahora vamos a hablar de vez en cuando de ello.

Marta Sala para At Contra - Consultora Junior y Productora de Dramanagement en Cookie Box

 

 

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